Siete principios básicos para la libertad científica y tecnológica
En anteriores reflexiones sobre la Vinculación Universidad Empresa, he sostenido que ésta es fuente inagotable de innovación, y por tanto, fértil y expedita vía al desarrollo económico y social de un país.
Sin embargo, también he planteado que el fenómeno de la Vinculación Universidad Empresa en Chile no se produce, comúnmente, de modo natural, por la actual falta de sintonía entre estos dos mundos.
Esta paradoja, que de una fuente inagotable de riqueza y desarrollo sostenible, sea poco explotada, por las escasas acciones y coordinación entre representantes empresariales y académicos, se produce debido a una fuerza que contrarresta esta práctica. En otras palabras, el paradigma imperante frena este enlace, para ambos actores. Hoy me referiré a la situación que ocurre en nuestras Universidades.
Las Universidades, por tradición, persiguen – y encuentran – la excelencia, orientando sus esfuerzos a la docencia y la investigación. Si hablamos del ámbito de la investigación, las Universidades tradicionales han perfeccionado sus sistemas de evaluación e incentivo en esta dirección, para conseguir prestigio y debido además, a que las fuentes de financiamientos estatales e internacionales las obligan a competir por la obtención de recursos.
Lo inverosímil, es que varias de las líneas de trabajo a financiar, se dirigen a los intereses de economías más maduras, que capturan y rentabilizan nuestros avances y logros científicos, en desmedro de nuestra economía, que además no está en condiciones de absorber e integrar estos avances.
Por eso la fuga de talento y conocimiento es tan evidente, como absurda, que nos enfurece y hace impotentes, al menos a quienes somos conscientes de esta situación. Personalmente, la describo como una forma moderna de subordinación, a doscientos años de celebración de nuestra independencia.
Ante ello les sugiero comenzar a caminar por el camino de la reconquista y emancipación científica y tecnológica. A modo de propuesta, apuesto al servicio del debate, siete principios básicos:
- No seamos radicales. Comencemos con premiar a aquellos académicos, que contra viento y marea, aportan con sus talentos a nuestros territorios y empresas. Hagamos de ellos personas bienaventuradas. Convirtámoslos en los héroes de la emancipación tecnológica. Logremos de ellos ejemplos a seguir.
- Creemos instrumentos y espacios equivalentes y equilibrados para aquellos que por inquietud personal, apuesten en cambiar sus esfuerzos científicos, hoy destinados a problemas externos, ahora a las necesidades locales.
- Incorporemos en los sistemas de evaluación e incentivo académico, el ámbito de la Vinculación Universidad Empresa, como una tarea visible, relevante y fundamental de trabajo y contribución institucional.
- Implementemos programas de entrenamiento docente, para desarrollar en nuestros planteles, habilidades para escuchar y relevar los problemas de Chile y sus empresas, sean estos, tanto básicos como de alta complejidad.
- Seamos pragmáticos. Montemos campañas sistemáticas de promoción de la tercera dimensión universitaria. Relevemos la contribución protagónica al desarrollo productivo local, usemos ejemplos cercanos.
- Invitemos a las empresas, mostrémosles señales, abramos nuestras casas de estudio para que ellos se sientan realmente parte de las decisiones.
- No esperemos que el Estado ponga la primera piedra para comenzar. Las transformaciones sociales comienzan, por ejemplo, entre dos personas mientras disfrutan una taza de café o aquellos que leyeron una columna de opinión.
Por: Raúl Serrano, Subdirector de Gestión Tecnológica INNOVO–USACH




